Sigue el momento triste, doloroso, y lleno de incertidumbres, que estamos padeciendo a nivel individual, familiar, y como sociedad. Una situación que además alimenta polémicas y enfrentamientos, de los que lamentablemente no se ve libre el mundo cofrade.
La tecnología, en forma de redes sociales, no es buena o mala, sólo es un instrumento que está al servicio de las personas; nosotros si podemos ser buenos o malos. Es la consecuencia de la libertad y el libre albedrío que nos regaló Dios. Muchos de nosotros entendemos que ser buenos en este momento es también mirar más allá, en el sentido que explicamos en nuestro último artículo, y sobre todo interiorizar que para los momentos que vienen, y las situaciones que se prevén, el mundo cofrade debe ser eficaz en la generación de auténtico compromiso católico, que tiene que ser de apostolado y proselitismo tanto en los templos como en las calles. Nuestro bagaje secular nos posibilita para ello, pues son muchas las experiencias aprehendidas. Unión, más que nada unión
Sin embargo, hay conductas que hacen un daño terrible con su constante y sempiterna crítica hacia todos y hacia todo. Conductas, aunque disfrazadas de buenas intenciones, que hacen del desprecio hacia el trabajo de los demás, la mofa sobre los sentimientos de muchos, y la falta de respeto y cuidado, cuando se habla y se escribe, hacia muchas de nuestras advocaciones, una dinámica establecida.
¿Se puede criticar? Claro que sí, es necesario para avanzar y corregir los desaciertos, y por qué no decirlo las injusticias que se cometen en este mundo de las hermandades. El problema es cuando esa crítica se construye sobre un elitismo, de los que saben, de los que entienden, en un sanedrín que se cree que la Semana Santa es suya y no del pueblo cristiano. Lo que no es de recibo, profundamente anticofrade, y sin sentido, es la crítica interesada, egoísta, y siempre infantil, sobre hermandades y pasos, también sobre el trabajo muchas veces abnegado, y casi heroico de algunas personas con nombres y apellidos, con la intención de ridiculizar a unos y otros por mor de hacer de mi “hermandad” la más popular, cuando eso se hace desde el anonimato es singularmente cobarde.
No podemos permitirnos que la ponzoña de ciertas actitudes aleje a elementos valiosos para nuestra Semana de Pasión, conocemos de hermanos que ante estas situaciones prefieren alejarse y encaminarse a otras latitudes para encontrar ese misticismo, que otrora hallaron con nosotros, que se basa en ese momento único lleno de paz interior y de conjunción con la Deidad, mientras un paso de Semana Santa absorbe nuestros sentidos. Y no debemos permitir que se quiebre una unidad que va a resultar, lo vamos a ver todos, más necesaria que nunca
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