El viejo costal | Hoy, martes y trece

Ya lo vi venir al inicio del mes, el día uno cayó en jueves, eso trae aparejado que en el mes hay un martes y trece, y ese día es hoy. Maldito número, desde la misma Santa Cena que eran trece, si ya saben, el trece Judas “el traidor”, trece son los espíritus malignos según la Cábala Judía, y en el capítulo trece del Apocalipsis, se habla del anticristo y a la bestia, además desde que el rey Jaime I de Aragón fue muerto y sus tropas destrozadas en Luxen, también un martes y trece, en martes y trece cayó la ciudad de Constantinopla, e incluso se dice en una leyenda que un martes trece fue el día en que se confunden las lenguas durante la construcción de la Torre de Babel.

Así como pueden ver viene de antaño esta superstición, que como todo en el mundo tiene su nombre, casi impronunciable, este miedo a los martes trece se denomina Trezidavomartiofobia, palabra que no está incluida en diccionario de la RAE, pero con la que se denomina el miedo ocasionado por esta tradicional superstición al trece y martes.

Lo bueno de la fecha de hoy es que dará paso a la de mañana, catorce y miércoles, Miércoles de Ceniza, y por lo tanto pistoletazo de salida para nuestra anual Cuaresma, ahí es donde empieza lo bueno, lo ansiado y esperado con tanta paciencia por todo y cada uno de los cofrades del mundo cristiano, y es que vaya cambio con respecto al martes, mañana será el cuadragésimo día antes de Pascua, estas seis semanas destinadas a la preparación interna a la iluminación y a la purificación en las que coincidimos los católicos con los anglicanos, con los ortodoxo, los coptos, luteranos y algunas iglesias evangélicas. Cuarenta días, que pasados, llegará en su día cuarenta y uno el Domingo de Resurrección, causa plena y esperanza de todo el que profesa nuestra fe.   

Estamos a un suspiro, suspiro sobradamente lleno de actos previos a nuestras estaciones de penitencias, quinarios, triduos, rosarios, vía crucis, presentaciones de carteles anunciadores, exaltaciones, saetas, tertulias y un sinfín de actos que no obligan por la cantidad existentes a perdernos buena parte de ellos y a ser exquisitamente selectivos a la hora de determinar nuestras prioridades, nuestros gustos y a prescindir de muchas de nuestras necesidades.

Ahora se desata un rio de aguas bravas, corriente fuerte que nos arrastra y hace que en un suspiro estemos guardando nuestra túnica, nuestro capirote, en el fondo del armario, porque la corriente nos ha arrastrado y en un instante no ha llevado a lunes de pascua, donde todo está culminado, sin tiempo para la necesaria introspección, para la lenta oración personal, ejecutada en nuestra salida procesional.

Pero lo bueno empieza ahora, ya se van sacando las túnicas, adaptándolas en altura para los pequeños, que siempre crecen, pasándosela de un hermano a otro, del mayor al pequeño, costureros preparados, que siempre encontrará una madre algo que sea necesario reparar, limpieza a fondo, de las que fueron limpiadas antes de entrar en ese anual sueño que le espera en la funda dentro del armario, junto a las de los demás miembros de la familia, sueño del que ahora se empieza a finalizar.

Capirotes fuera, cada uno pendiente de suyo, que el año pasado le fue muy bien, y no quiere que se lo cambien nadie, la capa que me aprieta un poco en el cuello, y la túnica que me esté perfecta, y con estas rutinarias y anuales necesidades se nos ira olvidando lo del martes trece y su mal fario, y me tengo que ir, rápido que mis hijos están enamorados de mi capirote y en cuanto me descuide alguno de ellos se lo apropia, así que como tantos años vamos a defender lo nuestro, nuestra Cuaresma, nuestra Semana de Pasión y nuestra cierta Resurrección, un año más, así hasta siempre, afianzados en nuestra evangelizadora labor, en nuestra creencias que son las mismas de nuestros mayores, dando de la lado a la superstición, y afianzándonos en nuestra fe, un año más, un años menos, peros siempre igual.