Todo el mundo en general
de Vos ¡Oh Reina!
diga que sois concebida
sin pecado original.1
En la madrugada del 7 al 8 de diciembre de 1585, mañana se cumplen 439 años de aquel acontecimiento, los Tercios españoles destacados en los Países Bajos van a vivir una de las epopeyas más gloriosas y definitorias de su dilatada y brillante trayectoria militar. Se trata del llamado Milagro de Empel, a raíz del cual la Inmaculada Concepción fue proclamada patrona de los Tercios españoles y actual Infantería española.
Poco más o menos, el suceso ocurrió del siguiente modo: el Tercio del Maestre de Campo Francisco de Bobadilla, compuesto por unos cinco mil hombres, combatía durante la Guerra de los Ochenta Años en la isla de Bommel, situada entre los ríos Mosa y Waal, se encontraba completamente bloqueado por la escuadra del almirante Holak. La situación era desesperada para los infantes españoles, carentes de suministros para soportar el asedio. En aquellos tiempos, la guerra todavía tenía una componente caballeresca, por lo que el jefe enemigo propuso una rendición honrosa, antes de que los españoles murieran víctimas de las condiciones meteorológicas y del empuje holandés. La respuesta de Maestre de Campo español fue tajante: «Ya hablaremos de capitulación después de muertos». Cuando la situación resultaba crítica, cuanta la tradición que se produjo el hallazgo de una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción, lo que supuso un auténtico revulsivo para las desmoralizadas tropas españolas, que se encomendaron a la Virgen. Contra todo pronóstico, el viento sopló tan frío aquella noche, que las aguas del río Mosa se helaron, lo que les permitió a los infantes españoles iniciar el contrataque, romper las líneas enemigas y alcanzar una victoria milagrosa a ojos de amigos y enemigos, especialmente para estos últimos cuyo comandante acabó declarando que “Dios era español”. De este modo, antes de la proclamación del Dogma, la Inmaculada Concepción es aclamada patrona de los Tercios de Flandes e Italia. Así es como se convierte la Inmaculada Concepción en patrona de la actual Infantería Española.

Mañana domingo se celebra la festividad de la Inmaculada Concepción, para muchos el colofón del gran puente del año, pero para nosotros, los católicos, celebramos uno de los dogmas capitales de nuestra fe cristiana. Dogma proclamado el 8 de diciembre de 1854 por el papa Pío IX, en la bula Ineffabilis Deus, que proclama que la Virgen María estuvo libre del pecado original desde el primer momento de su concepción, por los méritos de su hijo Jesucristo, recogiendo de esta manera el sentir de dos mil años de tradición cristiana, pues el concilio de Trento (1545-1563) ya había proclamado que María estaba libre de pecado desde su concepción en el vientre de su madre Santa Ana, ya que estaba destinada a ser la Madre del Redentor. De hecho, esta creencia hunde sus raíces en los comienzos del cristianismo. Sin ir más lejos y centrándonos en nuestra ciudad, en un interesantísimo libro titulado “La Inmaculada y Córdoba”, escrito por Daniel Aguilera Camacho, encontramos que en las actas del martirio de San Acisclo, nuestro Santo Patrón se negó a venerar a la diosa Diana, conocida en la mitología griega como Artemisa, reina de la fertilidad, argumentando que él adoraba a «Cristo y a María que lo engendró, siendo Ella Virgen antes y después del parto».
A partir de aquí, la presencia de María en la vida cordobesa estará presente a lo largo de los siglos. Cuando San Fernando conquista la ciudad en 1236, el 29 de junio de este año, a instancias del obispo don Lope de Fitero, se celebra la misa por la que la mezquita musulmana pasa a ser catedral cristiana bajo la advocación de Santa María. Por Decreto de 3 de agosto de 1787, transmitido por Floridablanca a la Junta Municipal de Córdoba el 21 de agosto se fundan las Reales Escuelas Pías de la Inmaculada y San Francisco Javier, herederas del colegio de Santa Catalina. En 1617 se publica en nuestra ciudad la Historia del Perú, obra del Inca Garcilaso de la Vega, que la dedica «a la limpísima María, Madre de Dios y Señora Nuestra», en cuya portada aparece una imagen de la Virgen donde se inserta la siguiente leyenda: «María non tetigit primum peccatum», lo que viene a traducirse como “María no fue tocada por el pecado original”. Pocos años después, en 1639, el obispo de Córdoba, Fray Domingo Pimentel, introduce la práctica de comenzar los sermones con la siguiente jaculatoria: «Alabado sea el Santísimo Sacramento y la Inmaculada Concepción de la Virgen Nuestra Señora sin pecado original», fórmula ligeramente retocada que se hará extensiva a toda España en 1663, a propuesta del monarca Felipe IV. Ya en el siglo XVIII los plateros juraban guardar los estatutos del gremio y defender la Inmaculada Concepción. En tiempos no tan lejanos, una famosa panadería y pastelería, recordada por sus roscones de reyes, proclamaba la Purísima Concepción de María. Y para finalizar este breve recorrido histórico, también en el mundo de nuestras cofradías, recogiendo la tradición secular, penetró la devoción a la Inmaculada Concepción, de manera que actualmente, son cuatro las que tienen a la Inmaculada como Titular de las mismas, me refiero a las Penas de Santiago, la Vera Cruz, la Cena y el Sepulcro. Todo esto nos habla de la devoción que los cordobeses hemos dispensado a nuestra Madre Celestial.

Foto portada: María Santísima de la Concepción, Titular de la Hermandad de las Penas de Santiago. (Foto: PacoRomán)
1 Redondilla escrita por Miguel Cid, siglo XVII. Recogido por AGUILERA CAMACHO, Daniel; La Inmaculada y Córdoba; Córdoba, Tipografía Artística; 1950, pág.: 74 2 AGUILERA CAMACHO, Daniel, Op. Cit. Pág. 7





