En directo | El Rosario de Hermandades, antesala de la salida de la Blanca Paloma, abre el alma de la aldea: la Virgen del Rocío caminará esta madrugada por un itinerario renovado

En la quietud reverente de la marisma, cuando el último eco de las sevillanas se acalla y las antorchas comienzan a brillar como plegarias encendidas, la aldea se postra en oración. En la noche del domingo al lunes, a partir de las 12, el Rosario de Hermandades, que recorre en procesión la aldea, desde la Plaza de Doñana hasta el Santuario, tiende sobre El Rocío una alfombra de luz, fe y silencio, presidida por los simpecados que resumen siglos de devoción compartida. Es el prólogo íntimo y solemne que cada año anuncia la inminente salida de la Blanca Paloma. El acto de culto contará con las voces del Coro de la Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío de Murcia.

El cortejo, dispuesto en orden inverso de antigüedad, comienza con las hermandades más jóvenes y va elevando su tono devocional conforme desfilan corporaciones con mayor solera. La Matriz de Almonte, como es tradición, cierra el Rosario, portando su sinpecado entre la emoción contenida de los peregrinos. Y será precisamente cuando el sinpecado almonteño cruce el umbral del Santuario —sin que exista una hora exacta ni programada—, cuando todo pueda suceder. La tensión se convierte en expectación, y el alma de la aldea, en un solo latido: el salto de la reja se intuye, pero no se anuncia. Solo el corazón lo presiente.

#ElRocío25 | En directo - Salida de la Virgen en Procesión

Este año, además, la Virgen del Rocío recorrerá un itinerario inédito, diseñado por la Hermandad Matriz con la intención de que su mirada y su paso alcancen a todas y cada una de las hermandades filiales, que la esperan en vigilia, con los ojos húmedos y las medallas en la mano. Cuando los almonteños la porten en volandas al otro lado de la verja, la Virgen comenzará su caminar siguiendo el recorrido tradicional por la calle Moguer y la calle Camaristas, hasta alcanzar la Plaza de Doñana, epicentro del cambio.

Allí, la procesión variará su curso, adentrándose por el pasillo central que divide sus zonas ajardinadas, en una disposición que ha sido cuidadosamente ampliada y redistribuida. El objetivo es claro: descongestionar el trayecto, ofrecer mayor visibilidad, y permitir que el rostro bendito de la Señora se acerque más que nunca a su gente.

Con este nuevo trazado, la Matriz de Almonte no altera el alma del Rocío, pero sí lo ensancha. La Virgen no cambiará su esencia, pero sí abrirá sus brazos con mayor plenitud, caminando hacia todos, sin excepciones, sin rincones que queden huérfanos de su mirada.

Y mientras la aldea vela, arrodillada bajo las estrellas, todo queda dispuesto. El Rosario ha cumplido su misión: abrir el corazón de la noche y preparar el paso de la Reina. Esta madrugada, la Virgen del Rocío volverá a caminar sobre la arena, envuelta en promesas, lágrimas, vivas y rezos. Su pueblo la espera. Y ella, como cada año, volverá a buscarlo, uno por uno, por el nuevo sendero de la esperanza.