El Suspiro del Ángel | La Madrugá del dinero

Suspira el querubín mientras piensa que no cualquier tiempo pasado fue mejor, pero que de la necesidad se hizo virtud y lo acordado se fue al traste por un acontecimiento mundial que hizo que en el lado pobre del Guadalquivir no se ampliara la Madrugá.

Susurra el serafín evocador, aquellos términos del acuerdo donde unos políticos o políticas o politólogos creyeron (o creyese en número singular y en pretérito imperfecto de subjuntivo) que con cinco decenas de miles de euros salieran o saliesen más cofradías a las calles.

Suspira el Ángel porque hubo o hubieron hermanos mayores que estaban o estuvieron más prestos y dispuestos a dar el sí quiero, que un político murciano a dar un pregón o un jerezano a montar a caballo. Y que solo una pandemia y que no les pagaban las bandas, dicen que dijeron por eso que no a la propuesta que iba a poner a esa orilla humilde del Guadalquivir a la altura de otra más señorial a la que baña el Guadalete.