Suspira el querubín cuatro notas musicales, mientras piensa en un par de palios silentes a los que le vendrían muy bien ese toque fúnebre, pero más elegante que el movimiento de una bambalina cuando cae la noche del Jueves o el Viernes Santo.
Susurra el serafín el nombre regio de un palio que ya fue al son de marchas escogidas y que llevaba un porte que ni el de un nazareno con el capirote de más de un metro y que ni el de un diputado mayor de gobierno en silencio, dando las órdenes con gestos precisos de controlador aéreo.
Suspira el ángel por otro palio que a punto estuvo de llevar música y tenían hasta la banda buscada, pero el suspiro se quedó en susurro y vuelta a suspirar, no solo por imaginar lo que estuvo a punto de ser y no fue, sino por lo que está por venir y en silencio se sabrá si los que lo llevaban se quedarán.





