Hay predicciones que prácticamente no lo son, pues la evolución de los acontecimientos da pistas, indicios sobrados, de aquellos capataces que cotizan a la baja y de esos otros que -al contrario- van al alza.
En ese último apartado es complicado que, tras veinte años al frente de pasos, uno siga en fase de crecimiento. Pero justamente eso es lo que sucede en el caso del capataz cordobés, Enrique Garrido.
Su trayectoria es de sobra conocida y el número de pasos que manda lo sitúa como el segundo capataz de la ciudad con más a su cargo. Si bien, la cantidad y la calidad no suelen ir de la mano, aunque en este caso van al unísono, en sintonía exacta.
A ello hay que sumar que la versatilidad es grande, especialmente desde que Garrido llegó al palio de La O, donde el estilo alegre de la cofradía del barrio de Fátima pide precisamente eso, alegría. Y eso es justamente lo que se vio y disfrutó en la tarde-noche de este Sábado de Pasión con una resolución más que solvente por parte del capataz, de su equipo y de su cuadrilla de costaleros.
Algo que ya se apreció en la salida (más reducida por la lluvia) de 2025 y en la Magna, donde el palio que cobija a la Virgen de Antonio Bernal brilló con luz propia.
Por delante quedan Concepción, Universidad, Misericordia, Lágrimas en su Desamparo y Conversión. Todo un reto y toda una oportunidad para disfrutar en la Semana Santa que acaba de comenzar. La hora de los faeneros (como Garrido llama a sus costaleros) ha llegado y no solo en el presente, sino de cara al futuro.





