A contracorriente | A sueldo

martillo

Hay frases que te marcan. No porque te merezcan reconocimiento o por mera asunción de la responsabilidad, sino porque son el síntoma de lo que hay tras ellas. 

Alguien me preguntaba (entiéndase con ironía), si estaba a sueldo de Sony. Como pueden deducir el requerimiento venía a cuento de lo escrito durante estos últimos días.  

La frase, que llegó como un exabrupto, me sorprendió por dos motivos: de quién procedía, y porque es del grupo de los mismos que no me inquirían cuando verdaderamente escribía al dictado de otros. 

En aquellos tiempos, no tan lejanos, vivía como en la clase de Lengua de octavo de EGB y nadie, aunque el gran público lo sabía, jamás osó recriminarlo. 

Ahora, cuando esos que lo restriegan parecen hablar por boca de otro capataz, sufren una amnesia singular y obvian que la libertad es un patrimonio inmaterial y sumamente valioso. 

También soslayan que aquí nadie se ha puesto de parte de nadie, aunque hay una víctima evidente y una junta de gobierno que no ha actuado con excesivo celo. Como tampoco lo hicieron las que echaron a otros capataces por los motivos más insospechados. Pero de eso hablaremos otro día.