A contracorriente | Cada cinco años

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La línea espacio-tiempo pasa distinta para las hermandades. Mientras los seres humanos la percibimos lineal y algunos estudios de la física sugieren la posibilidad de que avance en ambas direcciones, para muchos cofrades el tiempo pasa a saltos.

De extraordinaria en extraordinaria, de magna en magna, de procesión o traslado, uno o dos, cada semana. La saturación es el orden de nuestra época y, cuando sucede lo contrario, hay quien lo percibe como algo extraño, ajeno, cual divergencia en la fuerza.

Pero es una disrrupción que se agradece, como si alguien, de repente, quisiera dotar a las cosas de algo de normalidad, de su orden natural. Y así lo hizo la Hermandad del Císter, cuando hace unas semanas se conoció que querían dotar a la salida de su Virgen de Gloria de una periodicidad quinquenal.

Lo propuso la junta y sus hermanos lo han aprobado este domingo. La Reina de los Ángeles de Gloria, a falta del visto bueno eclesial, saldrá este 2025 y ya habrá que esperar a 2030 para volver a verla en las calles de Córdoba. Una circunstancia que se agradece en esta era de procesión por acumulación.