A contracorriente | Club de fans 

Casi nada es nuevo. De hecho, en la era de la irrupción de la moda Inteligencia Artificial resulta imposible no recordar que Spielberg ya anticipó el momento con una película película profética. 

Lo más curioso es que, mientras que el salto al vacío en lo tecnológico es irremediable, en la sociedad se aprecian actitudes retro, como si el inconsciente colectivo se negara al avance y advirtiera el peligro a base de muestras de ignorancia de la masa. 

Esto se aprecia en cierta involución de las cofradías, cuya democratización da lugar a escenas poco edificantes que, por ser denunciadas, no dejan sino de repetirse de forma tozuda. Una de estas era denunciada por el imaginero, José María Leal, en El Cabildo de MuchoDeporte, donde se lamentaba de que en ls cofradías había dos bandos: el de los devotos y el de los clubs de fans. 

El ejemplo, lo que sucede con los seguidores de las bandas. Se critica a quienes van a ver el espectáculo por encima del hecho religioso, lo cual resulta, cuanto menos, oportuno. Pero tampoco hay que olvidar que esa banalización de lo sagrado no es nueva y no tiene a los followers de las formaciones musicales como únicos protagonistas y, mucho menos, como los culpables. 

Todo es un producto del monstruo creado. Elecciones a hermano mayor como campañas electorales en toda regla; capataces con más poder en la hermandad que un cardenal en la sombra de las estancias vaticanas; y un sinfín de actitudes poco edificantes que hacen que no nos sorprendamos de que las bandas tenga clubs de fans ni de que se pite cuando el show no gusta. Pues todo se ha reducido a espectáculo.