Si Israel parece el enemigo a batir (difícil se antoja doblegarlo) por parte de determinados gobiernos como el de España, Pakistán se ha erigido en el epicentro de todos los males del gremio de los artesanos cofrades. Esto con un conocido bordador y un medio sufragado con dinero público, elevados a la categoría de apóstoles del control de calidad y cruzados de lo castizo.
Pero del gremio al gueto se ve que solo hay un paso y -tras meses de comunicados, declaraciones y demás quejas contra lo que en el fondo es el libre mercado- el efecto se ve que no ha sido el deseado y una hermandad, oiga, de Sevilla capital ha desafiado al gueto.
Y lo ha hecho con unos faldones del mismo Pakistán, que se estrenarán este mes de septiembre. Algo que ha debido irritar enormemente a la Asociación Gremial Sevillana de Arte Sacro que ha manifestado que “con hondo pesar y gran desánimo y disgusto, recibimos la noticia del estreno de unos enseres elaborados en estos países por parte de una Hermandad de Sevilla, ciudad a la que representamos como colectivo profesional y empresarial, con artistas y artesanos cuya excelencia y trayectoria son reconocidas a nivel nacional e internacional”.
El comunicado tiene su miga, pues en ningún momento nombran a esa “Hermandad de Sevilla”, quizá, tal vez, quién sabe si por un acto pusilánime o porque ya se ha encargado el medio público de señalar en un tuit en su cuenta en la red social X a la cofradía en cuestión, o por las dos cosas a la vez.
La corporación es la Pastora de Santa Marina, sí. Y, al margen del socialismo y lo quinquenal-comunista que subyace en la crítica de los gremiales y amigos, la hermandad puede encargar lo que le dé la gana a sus hermanos y a quién le dé la gana.
Entender ese concepto de libertad es muy difícil, sobre todo, para medios que viven del dinero de todos y para sectores que lampan por una subvención. El socialismo, el gueto y la red clientelar están ahí y no inspiradas en el Dasein de Heidegger, precisamente.





