A contracorriente | Divisones invisibles 

hermano mayor elecciones

Los procesos electorales de las cofradías suelen estar abocados a la división, incluso cuando solamente hay un candidato en liza. Y es que, si no se trata de una corporación en la que hay poco más de lo que se presenta y manda, en la mayor parte de hermandades hay eso que se ha acordado en denominar, distintas sensibilidades. 

Y dicha expresión no es más que el eufemismo convenido para no llamar a la división por su nombre, o a las diferentes formas de pensar por su nombre. Pues si hay gente que piensa de una manera, y otra de otra, y otra de otra, el asunto se complica. 

Los diferentes planteamientos, más que como riqueza, se advierten como peligro y lo de no unificar criterios se sostiene en la misma variedad de perspectiva que el que acaba mandando intenta atajar y el que pierde lamenta y luego ejecuta, cuando en el futuro es él quien ostenta el poder. 

Ejemplos de esa división camuflada de sensibilidades distintas hemos visto varios en los últimos meses. Incluidas victorias justas que se han han maquillado con el colorete del éxito. 

Basta con mirar el caso de La Macarena, donde Fernandez Cabezuelo ganó a sus “adversarios” por más de seiscientos votos, al segundo, y casi mil, al tercero. Pero las 2.295 papeletas a favor por las 1.623 y 1.322 de sus contrincantes dejan un matiz a tener en cuenta. Y no es otro que no lo votaron 2.950 hermanos, o 2.950 macarenos no confiaron en su proyecto, o 2.950 son casi seiscientos más en contra o favor de otros. 

La división silenciosa o invisible estaba ahí, como los titulares y el jaleo en redes en torno a la figura de su flamante y recuperado capataz general. Unos hacen más ruido que otros, pero la separación de esas sensibilidades parece un hecho. 

Cofrades 24/7 T1 E16: ‘Antonio Santiago, siete capataces en uno’