A contracorriente | El apagón del que (casi) nadie habla

El dicho está más manido que la bolsa de pipas que se te queda abierta un par de días, pero es certero: nos quedamos en las ramas y no vemos ni el árbol y, ni mucho menos, el bosque. 

Pasa tras cada catástrofe, donde vertemos la inquina en cualquier red social, pero de ahí no pasa. Y pasa con cada desmán que perpetran contra o por las propias cofradías y, lo mismo, un par de chistes venenosos en X, y a otra cosa.

Lo cofrade sufrió un apagón hace tiempo y caminamos como sonámbulos en la oscuridad que nos provoca el alejamiento de lo trascendente. Esa conexión con lo divino del ser humano era como las centrales nucleares antes de que comenzara su desmantelamiento progresivo, era la toma de tierra.

Pero se fue perdiendo y, ahora, la noticia es que un Cristo sevillano puede que estrene Papa en su procesión por las calles de la ciudad a la que metió fuego Nerón (o eso decían en las clases de historia de antes), porque antes de que todos jurasen odiar a Pedro Sánchez hubo líderes que provocaron sus particulares desastres.

También los hubo religiosos, aunque ahora a lo que se dedican es a impulsar magnas y extraordinarias, porque ellos mismos olvidaron lo trascendente antes de que acabara el siglo V. Los cofrades tardaron algo más en confundir la evolución con la paganización.

Y en esas nos vemos, con procesiones porque sí, con una profanación del sentimiento religioso, que ya no sorprende por repetida. Y, al igual que los que aplaudían cuando volvió la luz (un servicio básico) y demostraron que el primero es el tercer mundo; habrá quien explote de júbilo el año que solo haya n par de extraordinarias o no haya magna. El apagón de la materia gris es descomunal.