De la práctica del ensayo-error a veces -solo a veces- se aprende y con ello se demuestra cierta inteligencia, como la que ha tenido este año la Agrupación de Cofradías de Córdoba con sus pregoneros.
En todos los que ha organizado (falta el de Gloria), de momento ha acertado. Desde el de Juventud, a las exaltaciones de San Álvaro y de la Saeta, pasando por el premio gordo, el de Semana Santa; los pregones han mostrado un salto generacional y una sensibilidad mucho más ajustada a los tiempos.
Desde Eloy a Alfonso, pasando por Rafa Butelo, todos han brillado con luz propia y, de camino, el formato ha ido modificándose, como en el caso de las autoridades en el escenario.
Parece claro que al formato de estos actos aun le queda margen de maniobra para ser modificado y que no se eternicen, pero los pasos se van dando y solo cabe esperar que no sea flor de un día, de 2026, y el cambio de paradigma haya llegado para quedarse.





