Que la globalización, en su conceptualización genérica, ha sido perjudicial para el ser humano está fuera de toda duda. Y que, en la especificad de las cofradías, también lo sido resulta evidente, cuando asistimos a fotocopias de todo. Ya sean legiones de capataces que imitan a los tres o cuatro que marcan el paso; ya sean hermanos mayores que comenten el mismo error que sus predecesores y sus homólogos; ya sean vestidores, floristas, orfebres o tallistas.
La globalización ha llevado a un “más de lo mismo” perpetuo que, además de arrebatar el asombro, nos ha reducido como individuos para integrarnos en la masa informe que, en el caso de las hermandades -que no es exclusivo- sirve para señalar con el dedo al disidente y excluirlo.
Pero la disidencia no es reduccionista. No consiste solo en opinar distinto, sino en hacer las cosas de forma diferente. Y, aunque no suele ser la norma y por esa anomalía precisamente gusta más, aun hay por ejemplo artistas que tienen capacidad de sorprender.
Uno de ellos es el malagueño Curro Claros. Nunca he escondido mi admiración por su obra y, con cada nuevo trabajo se supera. Es diferente, pese a que beba de los cánones, y tiene lo que ya casi nadie ansía: un estilo propio y reconocible. El mismo que se ha podido ver en el diseño del paso del Soberano Poder.
Y es que el Nazareno de la Hermandad de la Quinta Angustia irá sobre un paso de plata y bordados, que es un altar en sí mismo, un relicario de la iglesia de la Merced (su sede canónica), y con una arquitectura a la altura de los grandes diseños de la historia.
Estudio, técnica y talento se aúnan en una obra que está llamada a marcar un antes y un después para Córdoba. Y es que, a no ser que alguna cofradía se decidiera de repente a hacer una pieza de este tipo, será el primer paso de la capital de plata, no de caoba y plata. Y, curiosamente, que en la ciudad de los plateros no haya un paso así ya es significativo. Como también lo es que lo haya encargado una de las últimas hermandades en llegar.
Las singularidades son así y, en un tiempo que persigue abandonar lo global por lo geopolítico, un diseñador ha reclamado su territorio, el de la creatividad, dibujando un paso espectacular.





