Hay frases que se repiten, conceptos que se reiteran, palabras que por inundación se quedan tan vacías de sentido como una etiqueta en redes sociales que, mientras más publicaciones tiene más manida está.
Eso ocurre con numerosos términos y expresiones, como la de “dejar huella”, muy en boga ahora en algunos sectores de las cofradías.
Se trata de un equivalente blando, pretendidamente humilde, del “hacer historia”, algo que a las claras resultaría mucho menos admisible para el gran público, venga de dónde venga y de quién venga.
Así, con la versión edulcorada el efecto es más sutil y la inoculación de la idea menos evidente. Quien la usa deja claro que está en esto de las cofradías para ser recordado por lo que hace en ellas y la relevancia que tiene, pero lo dice con cierto estilo.
En su opuesto está lo de que somos un grano de arena en la inmensidad de la playa, donde la huella la deja alguien o algo mucho más grande que los seres microscópicos que somos. La dejan las cofradías, pero quizá no todos estamos preparados para verlo.





