A contracorriente | La Cuaresma de los viernes

La Cuaresma se obstina en ayunos que hay quien creyó de otro tiempo. En los ritos que mantienen viva la tradición hecha promesa. En los aromas del invierno que se resiste a marchar y en la esperanzada primavera que se acerca. 

La Cuaresma se rige por su propia norma. Por las imágenes que se exponen a la veneración de los fieles, en una letanía indestructible entre la persona y el ser. 

La Cuaresma se llena de anuncios y se colma de estrenos. Como en la primavera la vida, los carteles brotan en celebradas presentaciones; las marchas nacen con sus esperados estrenos; los ensayos de costaleros anuncian que el calendario se va agotando; y los conciertos hacen que las propias marchas ya suenen distinto. 

La Cuaresma avanza hacia la Semana Santa, que es parte de ella, su culminación. Y todo va cambiando en el paisaje externo y en el propio interior que transita su particular camino de conversión. La Cuaresma es de los viernes y en los viernes de Cuaresma todo es diferente porque se rigen por su propia norma, la de la fe que avanza.