Cambiar una dinámica no es como cambiar una tendencia. No es lo mismo. Y esto es en lo que lleva trabajando la Junta de Andalucía durante los últimos años, corrigiendo todos los “vicios” que las servidumbres del PSOE dejaron en un camino infestado por una red clientelar casi infinita.
Un sistema que benefició a los que todo el mundo sabe y marginó a los sectores que, realmente (y más allá del valor simbólico, cultural y religioso) aportaban algo a la economía de la región. Y aquí es donde entran en juego las cofradías que, entre otros factores, han ido erigiéndose en una fuente de riqueza, en un motor económico que no para de crecer.
Y, en ese punto, es donde los de Juanma Moreno y compañía han puesto el foco en estos últimos años. Las subvenciones se han tornado paulatinamente en inversiones que, por ejemplo, han ayudado a potenciar la conservación del rico patrimonio artístico del que las hermandades llevan siendo guarda durante siglos, aunque hasta hace no mucho las instituciones lo ignorasen.
Ahora, la situación ha cambiado y, como se acaba de anunciar, la Junta ayudará a las bandas a comprar instrumentos. Esto es, invertir para que siga creciendo un sector en claro auge. Los ejemplos de esto son evidentes, baste con ver la repercusión de una sola marcha, ‘Eternidad’, que se ha convertido en un icono que ha alcanzado desde una composición de C Tangana hasta en la melodía de una campaña de la propia Junta.
El cambio no es de actores, sino de concepto. Dejar de subvencionar para invertir y presumir de una riqueza que trasciende y nos hace únicos.





