A contracorriente | La lluvia vuelve como la pasada Semana Santa

Centuria Macarena

Como si se tratase de una religión telúrica o del mecanismo mental medieval y simplista, habrá quien en estos primeros días de Cuaresma, cuando la lluvia vuelve a suspender cultos públicos, lo atribuya al sempiterno castigo divino a los cofrades por sus tropelías.

No obstante y sin salirnos de esa teoría del castigo divino por los supuestos desmanes de las cofradías, si este se produjera sería por medio de una extinción de las hermandades, aunque antes -a buen seguro- la carga punitiva recaería sobre otros movimientos eclesiales. 

Pero esa sería la pena real (al modo del Dios del Antiguo Testamento) y no una serie de suspensiones -ya sean procesiones, ya sean vía crucis-, que entristecen a unos pocos y alegran a los policías locales, a los que ya no les compensa ni el pago de las horas extras, porque los santos en la calle son una hora extra constante.

Lo que debería preocupar realmente a los cofrades es cuando se niegan recorridos parciales o extraordinarias, por el capricho de quienes, en última instancia, pueden hacerlo. Y si no que pregunten en la Macarena qué ha pasado con el vía crucis del Señor de la Sentencia y lo que puede suceder -como ya se dejó dicho en este medio- con una posible negativa a la extraordinaria de mayo. 

Y es que cuando la tormenta se forma en un palacio episcopal, pobrecito al que le caiga.