La mecánica es la de un reloj pero, en lugar de suizo, sevillano y andaluz como el repetido anuncio de una conocida marca de cerveza. Y la misma consiste en que una hermandad o una banda (o ambas a la vez) anuncia que separan sus caminos y, a las horas o a los días, se anuncia con gran júbilo la nueva formación.
Eso pasa desde el Cabo de Gata hasta Ayamonte, pasando por Málaga, Jaén o Córdoba. En todas partes está bien, se asume con la normalidad que merece, salvo en un lugar y en un supuesto: en Sevilla y si la nueva banda es de fuera de Híspalis capital o provincia.
Cuando, como acaba de pasar con la banda de La Paz de Málaga en La Lanzada o con la reciente renovación de Pasión de Linares en el Carmen, en más de una redacción se empieza por los escalofríos, de ahí a la ansiedad y se remata con algún gesto espasmódico.
Da igual que la redacción sea de prensa, de un digital, de radio o de un programa televisivo, el pecado mortal es que se ha buscado a una banda de fuera del centro del universo y quien se atreve a tal felonía es el equivalente a lo que supuso Galileo para la Iglesia católica.
Del sea anatema, de la herejía, de la blasfemia y del antedicho ataque de ansiedad se pasa a una fase en la que el periodista enfermo de sevillanía comienza su periodo de cinco días de reflexión. No es un tiempo en el que se valore cambiar de paradigma, sino en el que se empieza a pergeñar la campaña contra la banda.
En estos últimos años ha habido ejemplos sobrados de ello, pasando del periodismo a las relaciones públicas, pasando por campañas tendenciosas y sesgadas, a la misma manera de la Sincronizada con el PSOE y los firmantes del manifiesto de la infamia, pero con el matiz chusco (a lo Ábalos) de meter a las cofradías y a las bandas de por medio.
Cuando se les pase el shock y suelten los parabienes de rigor, que se expresan con la sonrisa misma del cardenal que está tras la trama vaticana, dará comienzo la campaña, que estará bien hecha y llevará su tiempo, como le ha pasado a Cabrero en La Macarena. Porque no olviden, todo esto son relaciones sociales, institucionales, nada de periodismo.





