A contracorriente | La suerte de tener dos obispos

La idea original que tuvo el obispo emérito de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, fue la de preparar su jubilación por medio de un obispo coadjutor. Esto es, la convivencia de dos prelados en activo para ir allanando el camino del entrante y facilitando el del saliente. 

Aquella solicitud no cuajó en Roma, o en la Nunciatura, o vaya usted a saber en qué círculo de poder de la Iglesia, y la resulta fue un nombramiento de prelado titular y el saliente como emérito o, lo que es lo mismo, jubilado con honores pero decorativo en lo que a poder fáctico se refiere. 

Y esa apuesta le ha salido mal y a la vez bien a los jerarcas eclesiales, pues tener dos obispos ha sido una suerte en uno de los momentos más significativos para la Iglesia cordobesa. Y ese no era otro que el del incendio en la Mezquita Catedral. 

En ese momento, monseñor Demetrio Fernández fue el que salió a la palestra para ofrecer las primeras explicaciones y llamar a la calma. No fueron ni su homólogo Jesús ni el dean-presidente del Cabildo Catedral. No. Fue el obispo emérito quien, en un momento de máxima tensión, cuando te sale ardiendo el monumento de monumentos de Córdoba, el que dio el parlamento. 

Un hecho sintomático del que cada cual puede sacar sus conclusiones. Como también se pueden extraer de la minusvaloración del daño, comparando la superficie quemada con el todo y restándole categoría al señalar que los materiales chmuscados en el patrimonio de la humanidad “no son de lo más antiguo”, como hacía el máximo responsable de la institución capitular. O que tampoco se le quiera dar relevancia a que colapse una capilla. 

Todo es lo relativo que se desee, pero seguro que en la noche del viernes alguien se alegró de que Córdoba tuviera dos obispos.