Acaba septiembre y con él un mes frenético, de esos que llevan al borde del abismo al vértigo de cofradías. Casi son incontables las que han salido, con sus extraordinarias y con el estado febril que someten a sus cofrades.
Termina septiembre y con él no es que se dé carpetazo a las procesiones. Nada más lejos de la realidad. La amalgama de salidas -con dos magnas incluidas- dará paso a otro elenco, uno nuevo, actualizado, que por tener tendrá otra magna en Córdoba y un ramillete de conmemoraciones que se celebrarán en la calle, con sus cortejos y su protestación pública y reiterada.
Finaliza septiembre y lo hace con los coletazos de un huracán, convertido en lo que ahora denominan borrasca postropical (antes tormenta tropical). Pero la lluvia no ha impedido sino alguna procesión aislada, mientras el resto echaba el resto y desafiaba a lo que hiciera falta.
Culmina septiembre, un mes de misiones convertidas en procesiones y lo que vendrá. Hasta la Iglesia se suma a esta fiebre del oro cofrade que nadie sabe muy bien cómo acabará, pero que auguran mal.
Acaba septiembre y, para algunos, la esperanza está en el cielo, al revés que siempre, tal vez la lluvia ponga algo de cordura a este tiempo anticiclónico de cofradías en la calle.





