A contracorriente | Magna de asuntos exteriores

“Nos encontramos ante una oportunidad única que posiblemente marque un antes y un después en la historia de las hermandades y de la religiosidad popular sevillana”. 

En esos términos se ha expresado el presidente del Consejo de Sevilla, Paco Vélez, sobre la procesión romana del Cachorro y la Esperade Málaga, que tendrá lugar este sábado por las calles que dieron origen al Imperio que martirizó a San Pedro y San Pablo (y a otros muchos), y que de vaticana tendrá lo justo. 

Es significativo que las palabras salgan de Vélez, que viene de ponerse medallas de otra Magna, la que vivió Sevilla el pasado mes de diciembre y que tenía tanto sentido como la procesión venidera: ninguno. 

Y si la Magna de diciembre sonaba a excusa peregrina para el baño de masas (por cada congreso internacional una), la procesión de Roma, con su Coliseo y su Circo Máximo, se asemeja a un Ben-Hur actualizado con su buena carpa que, aunque digan que representa la Puerta Santa, a lo que se parece es al escenario de un concierto cuando está tapado para hacer las pruebas de sonido.

A Vélez no le falta razón, el desfile romano marcará un antes y un después para ls cofradías de Sevilla, que puede que pronto empiecen a hacer giras por ciudades y pueblos de Portugal y España. O puede que sea que no y solo vayan algunas que, como el Cachorro se prestan a la campaña mediática, no como la Esperanza Triana en aquella JMJ a la que dijo que no y la propia cofradía de la calle Castilla en l que gobernaban otros. Pero hasta para negarse al espectáculo hay que saber, incluido el del presidente del Consejo con sus declaraciones.