A contracorriente | No es tiempo de extraordinarias

En la sociedad del ahora, del ya, de los polvorones en los estantes de los supermercados dos meses antes (como muy tarde) de la Navidad y de las salidas extraordinarias cada fin de semana; se torna complicado decir yo me bajo aquí.

Es casi un ejercicio de heroicidad no sumarse a la corriente imperante, la misma que te atrapa y te arrastra a seguir al rebaño para no formar parte del mismo y arriesgarte a que te señalen con el dedo acusador, a que te tilden de rarito en una sociedad donde lo diferente no es que moleste, sino que sobra.

Es la mutación de la reeducación del gulag, ante la que casi nadie se atreve por temor a eso que ahora llaman cancelación. Lo mismo de siempre, en definitiva, pero con denominaciones adaptadas al tiempo.

Así, cuando llegas a una entrevista y te preguntan por los actos de un cuatrocientos aniversario, la respuesta fácil, cómoda y previsible es decir que habrá un gran acto de la hermandad en las calles de la ciudad que fuere, puees cuatro siglos, por ejemplo de la llegada de Las Angustias a Córdoba, bien lo merecen.

Y ahí es donde su hermano mayor se sale del carril y dice que no, que no se lo plantean, que son más de formación, de cultura, de conocimiento. Casi un pecado mortal para quienes esperan un sábado de esos que se repiten irrepetibles, pero que ya resultan más de lo mismo.

Decir que no es tiempo de extraordinarias es oficio de héroes, llevar la contraria a la tendencia imperante no es sino eso precisamente.