A contracorriente | Roma no es Sevilla (II)

Lo cantó Leiva, Palermo no es Hollywood, y a la vista está que Sevilla (epicentro de las cofradías y sus maneras) no es Roma. Y no debería pretenderlo, no por una cuestión de compatibilidad, sino porque en la naturaleza distinta está la riqueza.

Considerar a la tierra centro del universo fue un error demostrado por la ciencia, que costó alguna vida, pues la ignorancia muestra en demasiadas ocasiones su lado brutal. Tampoco lo era el sol y puede que llegue el día en que ni el hombre lo sea. Tampoco lo es una cofradía, ni su conjunto, pues en realidad son el centro de cada devoción particular y eso vale mucho más que lo otro.

Por más que se venda el viaje (llámenlo peregrinación) del Cachorro a la ciudad eterna como un acontecimiento sin parangón, no o es y se corrobora en los pequeños detalles. Así, la reina que iba a ir, ni 24 horas después de anunciarse, ya se sabe que no irá, que lo hará la emérita, que como la primera es consorte y que como su sucesora está para actos protocolarios de segunda línea.

Vender el perfume de la singularidad, cuando el aroma es de colonia, puede que no sea distinguible para quienes son embaucados sucesivamente por los medios públicos (que costeamos todos), que sueltan en tromba la propaganda de lo extraordinario, y hacen de la verdad un coto cerrado donde cazar jabalíes.

Y no son sapos, sino jabalíes lo que pretenden que se trague el oyente, poniendo al servicio de la causa toda la maquinaria, pretendiendo, quizá, ocultar minúsculas circunstancias como todo el dinero de las arcas públicas que va a salir de los bolsillos del ciudadano para sufragar, al menos en parte, el capricho de decir que tal o cual imagen procesionó por las calles de Roma.

Y aunque el escenario sea incomparable, el sentido de la procesión probablemente se alcance antes en la vuelta del Viernes Santo por la calle Castilla, que en el Circo Máximo.