La intrahistoria, eso que se podría denominar como metalenguaje de las cofradías (con su buen prefijo que viste más), esconde pasajes que, por poco edificantes, solo se deben descubrir cuando se hace preciso dar un toque de atención.
En otras ocasiones, ese inside solo sale al outside cuando se persigue algún tipo de interés, ya sea un ajuste de cuentas con la navaja afilada del secreto, ya sea rompiendo un off the record en el caso del periodista, porque necesita los click que no le da su talento.
Y siguiendo en el ámbito comunicativo, lo que se cuece dentro (para ser más castizos y dejar los anglicismos cooll, pero ineficaces) no tiene porque equivales a lo que el comunicador sabe. En ciertas ocasiones, por más información que a uno le llegue pasa el tiburón justo por babor y no te das ni cuenta.
Llegados a ese punto, uno se puede unir a la fiesta informativa aportando un par de botellas de vino y decirle a los miembros de la sala que llegó tarde porque no se enteró. Pero también puede poner poner una excusa zafia y, aunque en su interior sepa que nadie le cree, como también es conocedor de que los demás serán políticamente correctos y no le pondrán las orejas coloradas.
Eso mismo ha pasado este fin de semana, cuando un afamado comunicador escribió lo que ya se sabía de cierta polémica, pero con un toque misterioso y chusco a un mismo tiempo en su titular. El sujeto en cuestión nunca reconocerá que no se enteró de que iba la película aunque estuvo en el cine, porque debió sonarle como un film de Ingmar Bergman. Pero se las quiso dar de Iker Jiménez de gasolinera con el titular. Todo burdo, a la par que efectivo.





