¿Qué pensarían los extraterrestres de la raza humana si nos estuvieran observando ahora mismo? Cualquier cosa, ninguna buena. Si partimos de la hipótesis de que al observarnos poseen una inteligencia superior -algo que por otra parte no sería difícil- se estarían divirtiendo, con altas dosis de probabilidad.
Podrían tener muy presente que la posibilidad de colonizarnos resultaría tan sencilla como enseñar la nave. Con eso bastaría para aterrarnos, mientras ellos se cuestionarían la capacidad evolutiva de los perros, ya que han conseguido que los humanos sean sus mayordomos, aunque antes lo consiguieron los gatos en el antiguo Egipto.
También se podrían cuestionar nuestra propia implosion como especie, al vernos escuchar reguetón, perder la cabeza por cualquier deporte de masas, no manifestarnos por los continuos atropellos de la clase política y, en cambio, tirarnos a la calle como poseídos por un demonio atávico por una restauración.
Esto último seguro que les divierte y lo mismo toman cuerpos humanos para hacerse cofrades y meterse en una junta de gobierno. Preferiblemente en una de una hermandad con abolengo, donde la restauración de una imagen pueda formar un lío de tal dimensión que llene medio telediario de Canal Sur durante una semana y deje imágenes tan emotivas como las de gente llorando, concentraciones a la puerta del templo, reuniones de cabildo de oficiales interminables, comunicados, lecturas de manifiestos, muestras de indignación de supuestos expertos en programas televisivos y así hasta donde dé la capacidad humana.
La humanidad será el fútbol de los extraterrestres y Sevilla su Botafogo.





