A contracorriente | Te ponen vallas por donde quiera que vayas

Reconozco que el juego de palabras del titular no es muy original, pero es que no me he podido resistir, porque la cosa se presta. La situación, por surrealista, parece querer esconder el bosque mostrando solo las ramas del árbol.

Y es que el ejercicio de control social no deja de resultar preocupante. Te confinan (o encarcelan, pues el Constitucional ya dijo que era ilegal lo que se hizo en 2020) y nadie protesta; regulan todo lo regulable para amordazarte de pies, manos y boca, y nadie protesta; y quieren controlar el número exacto de personas que ven cofradías y que las hermandades hagan de estación de penitencia y, aunque algunas protesten, el lamento no pasa de una pataleta.

La ausencia de corporativismo de las cofradías puede condenarlas -y acabará pasando- al sometimiento absoluto al poder religioso y, más preocupante aun, al civil. Y si creen que es una teoría de la conspiración, reflexionen un momento, piensen si se habrían imaginado alguna vez la contemplación de una cruz de guía parada ante una vaya y un policía ¿A qué no?

Lo que si era más predecible es que el alcalde de Sevilla escurriera el bulto, cuando le preguntaron por el asunto durante el balance de la Semana Santa. A él no le gustan las vallas, pero la culpa es de otro. Esa forma de argumentar es mucho más pronosticable.

Habrá que estar expectante porque, aunque a Sanz no le gusten las vallas, y casi nadie crea que la cosa no va a pasar de lo anecdótico, igual en unos años, cuando el nazareno salga vestido para ir a realizar la estación de penitencia, se encuentre en la puerta de la calle una valla y diga ¡vaya! Tengo que esperar a que el policía me de permiso para pasar y salir en la procesión.