A contracorriente | Un ejemplo del uso indebido de las cofradías

El Papa ha muerto pero, más allá de análisis televisivos redundantes, superficiales y carentes de una mediana profundidad (dentro de lo que la ‘transparencia’ de la Iglesia permite) sobre la figura de Francisco, la realidad no es otra que la salsa está en el boato (o menos, pompa) del funeral y en la salsa del cónclave, del que ya hay más quinielas que en una administración de lotería.

Para los cofrades, entre las numerosas y redundantes muestras de pesar, lo mollar está en saber qué pasará con los actos, procesión incluida, del Cachorro en Roma. También va la Esperanza de Málaga, pero a nadie escapa que el protagonista de la feria jubilar es el Cristo de la Expiración de Triana, al que se aspira a ver por las calles de Roma como una reliquia del mejor folclore andaluz.

Para la Iglesia patria, lo que parece es que es la gran oportunidad de mostrar músculo, pero con los bíceps de sus primos, los cofrades. Es una exhibición de la fe que, aunque se antoje de todo punto desnaturalizada y banalizada, no importa si el fin es apuntarse un tanto. Es como decir “hemos ganado” cuando el que gana es el equipo al que sigues. Gana el que juega.

Y jugar en Roma, para la Iglesia regional, puede que se vea como clasificarse para la final de la Copa de Europa. Tanto es así que el l responsable de Hermandades y Cofradías del Arzobispado y portavoz del Cabildo Catedralicio, Marcelino Manzano, sobre una posible procesión extraordinaria del Cachorro en Sevilla si finalmente no se pudiera llevar a cabo la de la ciudad eterna, fue tajante: “No se contempla ese escenario. No hay intención de sustituirla por un acto aquí”.

Queda claro que sin Roma no hay fiesta y que quién decide es la Iglesia que, al igual que el Cecop, ha invadido la soberanía de las cofradías, hacen uso indebido de ellas, las mismas que se dejan y, en unos años, se lamentarán cuando la situación sea irreconducible.