A contracorriente | Una recomendación peligrosa

De recomendaciones -y no de las cartas que se llevan a las entrevistas de trabajo- está llena nuestra existencia. Tu madre, antes de ordenártelo, te recomendaba que hicieras tal o cual cosa. 

También te recomendaba el profesor, antes del imperativo, que hicieras el trabajo, la tarea o que te callaras en clase. Luego, si tu jefe iba de enrollado, era otro que acudía a la recomendación. Y, si te hiciste cofrade o te relacionaste con la iglesia, ahí ya las recomendaciones bullían.

Toda recomendación es el paso previo a la orden, lo hiciera tu madre en su momento o lo haga la Agrupación de Cofradías de Córdoba en el actual. En este último caso, la sugerencia es que los ensayos de costaleros se hagan en días laborables y por la noche. Y, de paso, nada de dar por ahí a Aucorsa, que bastante tienen con no estrellar el autobús.

Aunque eso último suene a risa, mi memoria muscular aun recuerda cómo la semana pasada el chófer se comió un badén y pegamos un bote que ni en la cazuela loca. Imaginen un paso interponiéndose en el camino del bus, tragedia segura.

Volviendo a la recomendación, esta es además peligrosa, pues además de seguir el juego a los regentes de la ciudad (no queda otra, o sí), nos adentramos en el espinoso terreno de la regulación de todo y de todos.

Y es que, por si no tuviésemos bastante con las ordenanzas, las leyes autonómicas, las estatales y las europeas (que todos regulan todo y no innovan en nada), ahora se acercan las cofrades. Las mismas que quieren ordenar y circunscribir ensayos, mientras al futuro legislador (aun recomendador) se le caen las magnas de los bolsillos.

Es contraproducente, pero sobre todo un indicio del ataque continuo a la libertad. Un ensayo no molesta -un sábado o un domingo- más que las carreras populares o los cortes dominicales de República Argentina, que se han tornado en tradición. Lo que se persigue -y así lo parece hasta que no se demuestre lo contrario- es el control y eso sí que es peligroso.