A contracorriente | Una semana de un comunicado para los anales de la historia 

Las cofradías tienen algunas costumbres, que son rancias en el mejor de los casos y con cierto aire rural en el peor. 

Una de ellas es la de apellidar de ‘oficial’ al comunicado de turno con ese tufo que les citábamos en el párrafo anterior y con la arrogancia de una especie de ministerio de la verdad (la del comunicado), que no es otra que la de la hermandad que lo emite y que no se tiene que ajustar necesariamente -o por completo- a la realidad, sino a la versión de una de las partes. 

Pero en el caso que nos ocupa, el apellido que se le otorgue al comunicado es lo de menos, porque lo de más es el comunicado en sí mismo, como origen y final de un incendio creado sin necesidad aparente. 

Nos referimos al de la ratificación de Juan Luis Berrocal al frente del misterio del Resucitado, para quizá maquillar su destitución como capataz del palio de la Virgen de la Alegría. 

La nota emitida por la cofradía es de tal categoría que no se usaron verbos como destituir, cesar, expulsar, cambiar o echar, cuando era lo que se estaba haciendo. Ni Rubén Darío tuvo tal maestria con la prosa poética como la de la Hermandad del Resucitado de Córdoba. 

Y es que echar a un capataz que lo ha hecho de sobresaliente es muy dificil de explicar, como también lo es mantenerlo en el otro paso para que se vaya él solito. Al igual que en su día tomaron otros el camino del exilio interior. 

Una obra maestra al fin y al cabo, como la que hizo el Nazareno en la Magna, que debe recordarse con aniversarios y extraordinarias.