A don Jesús, consejero para más señas

Don Jesús, especifique usted dónde golpeará el martillo, si en el Salvador o en San Lorenzo. En caso de no decidirse, puede venir primero a su Córdoba para el desayuno y culminar el periplo en Sevilla antes del almuerzo. Como quiera que sea, lo recibirán muy bien en ambos lugares. Eso sí, ha dicho que quiere golpear el martillo y debe hacerlo este año. Es condición sine qua non, don Jesús, pues ya va siendo hora de cambiar esta imprevista penitencia por otra más familiar para nosotros.

Tenga también en cuenta que no solo le espera el Domingo de Ramos, sino todas las vísperas a coro. Así que no se confíe, porque lo mismo lo llevan agarrado del brazo a más de un templo; que para eso es nuestro consejero, ha hablado sobre el tema y nos ha dado nuevos motivos de esperanza. Y aquí el gremio cofrade otra cosa no, pero memoria tiene para lo que quiere y más. Además, las últimas recomendaciones recibidas por parte de la Junta nos han sabido a maná del cielo, y eso de quitar el maná cuando se pasan necesidades en el desierto no está bonito.

Ya sé, señor mío, que no es culpa suya si el desierto aprieta. Sé tanto como todos y temo lo mismo que todos. Puesto a temer y a soñar, todo vale. No obstante, también he hecho mi trabajo como casi todos y estoy concienciado sobre lo que hay que hacer. Más no se puede alegar y, en verdad, tampoco es necesario. La mayoría hemos lucido la prudencia como hábito de salida durante mucho tiempo, pero ahora es el momento de adornarlo con un poco de valor; que no temeridad, pues solo podría hablarse de ella si no fuésemos conscientes de la situación ni pusiésemos medios para superar este infierno. Se trabaja mucho, se pasa mucho y se sacrifica mucho. Demasiado en algunas ocasiones…

Pero ahora, don Jesús, es el momento de golpear ese martillo dormido que espera en el limbo de un pasado arrebatado. Ahora toca llamar a la cuadrilla y preparar los cortejos. Es el momento de hacer gala de nuestra fuerza de voluntad y de los frutos obtenidos tras tanto sufrimiento. Y le pido, don Jesús, con cierta confianza adquirida, que golpee ese martillo donde usted prefiera, pero que lo haga ya, sin ambages ni dilaciones; pensando además en todos aquellos que, «desde la baranda del cielo» (como dice el pregón de un macareno), ya no están y desean salir con sus ropajes celestes tras la estela de sus titulares para disfrutar una vez más de lo suyo. Que aquellas lágrimas que muchos soltaron porque no podían ni acercarse a ver a su Cristo o a su Virgen sean este año triunfo de sus oraciones. En definitiva, que haya por fin normalidad, aunque sea en avenidas y calles amplias, aunque toque cronometrar recorridos y comprar test para la salida, aunque haya que hacer antes una cuarentena de siete días… Pero siempre de frente, porque los pasitos para atrás son ya muchos y la cofradía tiene que caminar.