A paso mudá | Del final de la Navidad al inicio de la Cuaresma

El Día de Reyes marca el cierre de la Navidad, pero también señala el inicio de un camino: la espera de la Cuaresma. En este periodo de transición, el cofrade comienza a cambiar el villancico por las marchas procesionales, y las luces del belén ceden paso al cirio que iluminará la Pasión.

Enero y febrero se convierten en meses de preparación silenciosa: los talleres de bordado y orfebrería ultiman los detalles, los capataces reúnen a sus cuadrillas, y el incienso empieza a llenar los ensayos. Como en una “mudá”, el cofrade se mueve del portal de Belén al Calvario, con la mirada puesta en el Miércoles de Ceniza, cuando todo dará comienzo.

Aún con el eco de la Navidad, ya se siente la cercanía de la Pasión. La espera no es descanso, sino el preludio activo de lo que está por venir: la Semana Santa. El Día de Reyes, aunque cierre un capítulo, es también el pórtico de otro. Hoy, el incienso de Oriente deja paso al que perfumará las calles en Cuaresma. Porque, tras la Navidad, el cofrade no deja de caminar: a paso de mudá, ya avanza hacia el tiempo de penitencia, hacia esa Pasión que cada primavera vuelve a dar sentido a su fe.