A paso mudá | El inevitable espejo de Linares

Hablar de la Semana Santa de Sevilla sin mencionar a Pasión de Linares es negar una parte sustancial de la evolución musical de las últimas décadas. Porque si algo ha demostrado esta formación es que los caminos que parecían cerrados, las puertas que se decían blindadas, al final acabaron cediendo ante la evidencia de un estilo propio, arriesgado y con una personalidad arrolladora.

Durante años, muchos miraban por encima del hombro ese sello inconfundible, calificándolo de excesivo, poco ortodoxo o directamente impropio para Sevilla. La crítica era constante, casi automática: cada innovación era un motivo para señalar. Sin embargo, el tiempo, ese juez que nunca se equivoca, ha terminado colocando las piezas en su sitio. Y hoy resulta innegable que aquella propuesta que algunos rechazaban se ha convertido en el molde que otros han tenido que utilizar para labrarse un hueco.

Es curioso cómo la historia se repite: primero la crítica feroz, después la imitación disimulada y, finalmente, la asimilación plena. Lo que antes era tachado de “exceso”, ahora se vende como “avance”. Lo que se consideraba una osadía, hoy se defiende como seña de identidad. En definitiva, Pasión de Linares no solo abrió camino, sino que obligó a replantear el canon de lo que podía sonar tras un paso en Sevilla.

Su huella es tan evidente que se percibe incluso en formaciones que en su día renegaban de ese estilo y hoy han terminado por abrazarlo, porque el público, las hermandades y la propia Semana Santa han reconocido en Linares una fuerza distinta, un discurso sonoro que no se puede ignorar.

Quizás ahí radique la verdadera victoria: no se trata de haber impuesto un modelo, sino de haber sobrevivido a la crítica inicial hasta convertirse en referencia inevitable. Pasión de Linares, con su particular forma de entender la música procesional, no solo ha dejado su sello en Sevilla, sino que ha provocado un cambio de paradigma del que hoy todavía beben quienes, en su momento, más cuestionaban su camino.

El tiempo ha demostrado que lo que algunos consideraban “un atrevimiento” era, en realidad, una lección de futuro.