A paso mudá | Estragos estivales: música y chiringuitos de tercera

Yéndome a la Real Academia Española, fanatismo es definido como Apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones.

A, ya, 20 de agosto, el verano, o más bien, las vacaciones, van llegando a su fin para la gran mayoría. Y en el mundo cofrade, no lo es menos, aunque algunas corporaciones o formaciones musicales, ya hayan vuelto al trabajo de forma anticipada.

Y es que, aunque estemos en verano y las redes sociales no han parado de funcionar en las cofradías y bandas, lo que no ha parado de funcionar es el fanatismo hacia ciertas vertientes que ya todo el mundo sabe, conoce y dejan de tener credibilidad. Todo ello, debido a un contexto bien hilado por cabezas visibles en medios de comunicación, en los cuales se lanzan mensajes de odio, mensajes carentes de fundamentos más allá de los propios intereses, y mensajes los cuales están claramente influenciados y manchando la verdad.

La última, hace unos meses, criticando indirectamente a un compositor que hizo su primera marcha allá por los 90, y que a día de hoy, sigue haciendo auténticas maravillas. Críticas a su banda, de las que mejor afinación e interpretación tiene en todo el panorama. No obstante, también hemos podido presenciar las campañas contra Presentación al Pueblo, contra la banda de las Cigarreras y las composiciones del que, si no es el mejor, es de los mejores compositores en la actualidad; también y desde hace mucho, contra la banda de la hermandad de los Gitanos (¡ay!, ¿cómo puedes hablar bien de los Gitanos en público? ¡Hay que hacer lo contrario para echarlos de la Madrugá! … le decía uno al otro fuera del directo). Y un sinfín que me podría pasar enumerando y ahondando y me daría para diez artículos más. Pero, adivinad una cosa, queridos lectores: ¿a quién no se ha criticado nunca? La respuesta está abierta para que cada cual pueda responderla, pero recordad, que una crítica pactada, no deja de ser una simple pantomima.

También, dicho verano ha sido movido por la entrada de Sevilla, donde una hermandad lanzó un comunicado dejando entre ver algún modus operandis que otro, pero claro, aquí el dilema está en lo siguiente: creas a quien creas, no estarás en lo acertado. ¿Y todo por qué? Por el fanatismo creado en las redes sociales. Pero bueno, por aquellos lugares siempre quedarán las heladerías… yo me entiendo.

Y como no, la joya de la corona ha sido todo lo creado en cuanto a lo acontecido en un famoso pueblo de Sevilla el pasado 15 de agosto. Sí, son 40 grados, son desafinaciones, pero aquí me posiciono, como músico cofrade que soy, a favor de la banda: hay que ponerse a tocar y verse en la situación, ya que no es nada fácil. ¿Falta de ensayo y de concentración? Quizá. ¿Que hay que ponerse a tocar para saber lo que el músico sufre en dichas condiciones? También. ¿Que la experiencia es un grado y a los juveniles les puede costar más? Obvio. Pero a veces, aunque sea a veces, hay que mirarse el ombligo.

No obstante, lo ridículo de todo esto es todo lo que se ha formado. Les pongo un ejemplo: si yo saco un 4,5 en un examen, he suspendido y no me queda otra que aceptarlo, asumirlo y hacer autocrítica. ¿Que puedo tener un mal día? Todos lo tenemos, pero se acepta y la vida sigue. Pero eso parece no pasar cuando, tanto perfiles reales como ficticios en las redes sociales, no asumen lo ocurrido con la naturalidad que hay que asumirlo. Total, en la televisión siempre se les da a los y las de siempre. ¿Y todo por qué? Por el fanatismo. Porque para justificar algo se ataca a terceros, sin llegar a ninguna justificación con ello, como he visto en las redes: críticas a otras formaciones sin venir a cuento, para defender la que les gusta. Y si no, el sectarismo se hace notar cuando hay personajes que creen ser reconocidos, sacan las garras… incluso los más (o eso dicen) románticos o aquellos que tienen por bandera la ojana con su hermandad, pero quiere lo que quiere.

Al final, los plumillas de Gente de Paz, los que escribimos con nombres y apellidos en nuestra columna de opinión, parecemos ser los malos de la película siempre; parecemos ser los culpables de todo. Pero nada más lejos de lo que cuatro ofendidos quieren hacer ver.

Disfrutad del poco verano vacacional que nos queda, que lo que nos viene, pinta peor aún.