A paso mudá | Extraordinarias con actos extraordinarios

Según la RAE, algo extraordinario es algo “fuera del orden o regla natural o común”; según los cofrades, ¿qué es? Para muchos/as (me atrevería a decir la mayoría), una procesión extraordinaria es aquella que sale cierto día entre los meses de junio y noviembre, con una banda de renombre y con un cortejo amplio, con muchas representaciones. Hace ya unos 6 años aproximadamente que escribía estas líneas. Y así es lo que está ocurriendo en estos tiempos que corren: pasos a la calle “sin ton ni son”, procesiones más largas que en Semana Santa, pareciendo ser más esperadas que la propia Semana Mayor, donde el fanatismo se junta con la devoción, sin poder diferenciar uno de otro.

Y es que, aunque sean coronaciones u otros actos más importantes, hay que saber controlarlos en la calle, valorando el patrimonio humano y otros ámbitos. Por ejemplo, asumiendo recorridos más cortos, a unas horas más llevaderas en las que el público no se vea aglomerado a ciertas horas en las que ya el calor abandona, pudiendo extender así al público durante todo el recorrido.

Además, ¿qué necesidad hay de que una banda de niños toque casi 11 horas, con los cambios bruscos de temperatura, los parones que supone toda una salida, en pleno septiembre, y con traje de gala? ¿Qué necesidad hay de poner una salida en pleno verano con todas las bandas de traje de gala? Es que es son sin sentidos los cuales no tienen mayor respuesta que el querer lucir por encima de todo.

La Semana Santa extendida a lo largo del año en forma de procesiones, no sé si nos aporta, nos aparta o nos separa. He ahí la reflexión de cada uno.