A paso mudá | La Encarnación: solvencia y madurez

La mañana del domingo dejó una de esas estampas que confirman que la música procesional, cuando se hace con sentido, puede elevar el nivel de una jornada cofrade. La Agrupación Musical Nuestra Señora de la Encarnación, de San Benito, acompañó al Señor del Divino Perdón en su salida extraordinaria con una solvencia que no sorprendió, pero sí confirmó el momento de madurez que atraviesa la formación.

No hizo falta alardear ni buscar protagonismo: la Encarnación fue consciente del contexto y se adaptó con inteligencia al cortejo y al barrio. Supo leer los espacios, modular los volúmenes y mantener un tono sobrio sin caer en la frialdad. Esa capacidad de medir y no desbordar es, probablemente, uno de los mayores signos de evolución que puede mostrar una banda.

Musicalmente, se notó un sonido limpio, equilibrado y trabajado. La percusión, firme y compacta, sirvió de base para un metal afinado y expresivo. No todo fue perfecto, pero el conjunto transmitió seguridad y criterio. Hubo momentos especialmente inspirados, y otros más discretos, pero en ningún tramo se perdió la coherencia ni el sentido de acompañamiento.

El repertorio, sin grandes sorpresas, fue el adecuado para la mañana: marchas reconocibles, bien ensambladas y sin abusar del efectismo. Se agradece que la banda mantenga una línea propia, sin dejarse arrastrar por modas o por la necesidad de impresionar a toda costa.

En definitiva, la Encarnación ofreció una actuación seria, medida y de nivel. No deslumbró, pero sí convenció, que es mucho más difícil. Alcosa vivió una mañana de música con peso y presencia, sin estridencias ni artificios, y eso —en los tiempos que corren— ya es motivo de reconocimiento.