A paso mudá | La obsesión por encima del amor

Si por algo se caracteriza últimamente nuestra Semana Santa, es por sus acompañamientos musicales que ponen el contrapunto al discurrir de las procesiones por las calles de nuestras ciudades. Y es que lo que pasa en algunas ciudades en la época veraniega, está ya al borde del ridículo. Y todo por lo mismo: cambio de vestidor, de capataces, de bandas, y de mil quinientas cosas al antojo de algunos.

Hooligans que se creen alguien por salir en programas, que quizá conozcan el respeto para lo que les conviene, intentan una vez más lo que a día de hoy es imposible: quitar para poner sin importar nada más.

En pleno siglo XXI deberíamos estar más que concienciados en lo que significa el respeto, sin querer echar por tierra como hacen durante el año en televisión el trabajo de otros de forma indirecta día a día, realzando a los que, bajo la opinión de algunos sin formación al respecto, es/son la/s mejor/es en lo suyo.

Las bandas en las cofradías las deciden sus hermano, más concretamente las juntas de gobiernos en las que se deposita la confianza. Todo lo demás es inútil de querer meter con calzador a toda costa, hasta el punto de llegar a hacer el ridículo.

Haciendo un símil, permítanme la distancia comparativa; querer juntarte con quien no quiere ya nada de ti, y por decreto de aquellos que te veían bien.

No es amor, es obsesión.