A paso mudá | La razón de Manuel Marvizón

Hay debates que incomodan porque tocan costumbres muy arraigadas. Y hay voces que, por su trayectoria, merecen ser escuchadas sin prejuicios. La de Manuel Marvizón es una de ellas. Por eso, cuando le he escuchado defender que los compositores de música de Semana Santa deben cobrar por sus derechos de autor, no he podido estar más de acuerdo.

Porque llevamos años disfrutando de una Semana Santa cada vez más cuidada, más estética, más musical… pero seguimos tratando a quienes crean esa música como si su trabajo fuera secundario. Como si componer una marcha fuera un favor y no el resultado de talento, estudio y muchas horas de dedicación. Y eso, sinceramente, no es justo.

La música procesional no es un adorno. Es emoción, es memoria, es identidad. Hay marchas que nos acompañan toda la vida, que nos devuelven a la infancia, que nos erizan la piel cada vez que suenan. Detrás de cada una hay un autor. Y ese autor merece algo más que aplausos.

Marvizón lo ha dicho claro: no es un asalto, es lo razonable. Y tiene toda la razón. Si se paga por flores, por bordados, por orfebrería o por estrenos, también debe haber respeto y reconocimiento para quien pone la banda sonora de nuestra fe.

Defender a los compositores no es mercantilizar la Semana Santa. Es dignificarla. Es entender que la tradición también se cuida reconociendo a quienes la engrandecen con su talento.

Ojalá este debate sirva para abrir los ojos. Porque cuidar la música es, al final, cuidar nuestra propia memoria.