A paso mudá | La religiosidad actual y nuestra Semana Santa

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Hace apenas un año y medio, escribía en esta, mi casa, un artículo el cual me pareció difícil de escribir y, todo este tiempo después, quiero pasar a confirmarlo muy a mi pesar.

<<En los tiempos que corren, cada vez tratamos más de innovar, o de fomentar distintos actos en torno a la Semana Santa. Y cierto es, que se está consiguiendo, con un público volcado y con una gran aceptación.>>

Y actualmente, la realidad es que se innova, se invierte en actualizar algunos modelos que parecían obsoletos en algunos ámbitos, así como las distintas hermandades, bandas y demás partícipes de nuestra semana grande han sabido leer. Hay mucha gente implicada en todos estos grupos, cada vez más, pero bajo mi punto de vista, no es suficiente porque, ¿la gente se implica durante todo el año o solo a partir de enero o febrero? Porque, al final, digamos que uno de los principales fines es evangelizar por las calles con nuestras Sagradas Imágenes, pero ¿y el resto del año, dónde están los hermanos?

<<Es triste ver como, y sin desprestigiar a nadie, hay más gente en un Heraldo o en conciertos y pasacalles, que viendo el Corpus Christi, así como los actos cuestionados en unas líneas más arriba. Y todo es compatible, por supuesto que sí; todo forma el mundo cofrade.>>

Actualmente, el público cada vez parece disfrutar de forma menos plena de sus hermandades, de su Semana Santa. La gran masificación debido a los hooligans de las bandas, hacen que muchísima gente vaya a las procesiones por la música, como comprobé yo mismo, que soy músico, en este pasado mes de marzo. Hermandades de silencio las cuales quise disfrutar, no tuve ningún problema en verlas, incluso repetidas veces, sin ningún problema; por el contrario, en el polo opuesto, no puedo decir lo mismo del resto de las hermandades. Y creo que el problema no es de las corporaciones en sí, sino de la sociedad actual. Creo que, y espero equivocarme, la religiosidad está siendo en parte apartada por el gran público para pasar al espectáculo. A nadie se le puede obligar ver a una hermandad o a otra, por supuesto que no, pero la búsqueda del espectáculo se está desvirtuando a pasos agigantados. Y el gran ejemplo lo tenemos el día del Corpus Christi, el día, o de los días más importantes para el cristiano. Calles las cuales no se acercan en cuanto a cantidad de público a lo que se vive en el resto de las procesiones.

Para terminar, imaginad una simple cuestión: si al hermano se le obligara a participar en la vida de hermandad para poder hacer estación de penitencia, ¿qué panorama nos encontraríamos?