A paso mudá | La vista gorda de las hermandades: las faltas de respeto

Las hermandades son, en esencia, comunidades de fe, devoción y fraternidad. Sin embargo, en los últimos tiempos, hemos visto cómo algunos hermanos se han convertido en verdugos de su propia casa. Redes sociales, foros y hasta conversaciones públicas se han convertido en escenarios donde se atacan a otros hermanos, a la propia junta de gobierno o incluso a otras entidades sin ninguna repercusión.

Pero, ¿dónde queda el espíritu cristiano en estos actos? ¿Dónde está la autoridad de las hermandades para frenar esta escalada de desprecio? Es preocupante que, mientras se exige respeto hacia la institución, algunos de sus propios miembros difaman y critican sin mesura, escudándose en la impunidad y, en ocasiones, en la complicidad del silencio.

El daño que estos comportamientos generan es profundo. No solo afectan a las personas señaladas, sino que erosionan la credibilidad y la unidad de la hermandad. No podemos hablar de fraternidad cuando, dentro de nuestras propias filas, permitimos la discordia.

Es necesario un cambio. Las hermandades deben tomar cartas en el asunto, establecer límites claros y recordar que formar parte de ellas conlleva una responsabilidad. Ser hermano no es solo portar una medalla o vestir una túnica, sino vivir en coherencia con los valores que representamos.

Si queremos que nuestras hermandades sigan siendo faros de fe y devoción, debemos empezar por erradicar la deslealtad dentro de ellas. Porque el peor enemigo no está fuera, sino dentro, disfrazado de hermano.