Dicen que todo lo que puede parecer un fracaso, puede llegar a ser un gran éxito incluso fracasando. Y así es, teniéndolo visto y comprobado. Separatismo bandístico puro y duro.
Así comenzaba mi última columna de opinión anterior a esta actual, respecto al evento que tuvo lugar en la ciudad califal hace ya dos semanas.
Lo que comenzó como proyecto piloto denominándose “La Champions de las bandas”, y después de recular ante un patinazo histórico, cambiando el nombre al que ya conocemos tantos y tantos de cofrades y amantes de la música procesional, ha desprestigiado, sí, desprestigiado a las formaciones musicales de Córdoba.
Para comenzar, todas las bandas de la capital interpretaron un menor número de marchas respecto a las demás. ¿Por qué? No quiero pensar que fueran utilizadas como teloneras. Seguidamente, fueron las primeras en participar. ¿Por qué? No quiero confirmar que fueran utilizadas como teloneras. Seguidamente, apareció un conocido personaje público y muy afín a la organización del acto que quizá ni sepa diferenciar una clave de sol de una clave de fa, o una tuba de un bombardino, diciendo “ahora viene lo bueno, ahora vienen las grandes”. ¿Perdona? Confirmando que iban de teloneros.
Pues señores, ya les confirmo yo que de teloneros no tienen nada dichas formaciones. Por su parte, la banda del Caído y Fuensanta tiene la suerte y el privilegio gracias a su esfuerzo diario durante tantos años, de acompañar a diversas imágenes en la ciudad de Córdoba. La agrupación del Cristo de Gracia también hace lo propio en la ciudad califal, así como lo mismo en la capital de Jaén. La banda de la Salud, más de lo mismo, y encima tocando a la hermandad del Polígono de San Pablo en Sevilla. ¿Acaso merecen ser tratados como lo fueron?
Y ya, por no hablar del caché, porque entonces tenemos para escribir una Biblia, ya que quizá se entienda la negativa de otras formaciones cordobesas… o no, pero tiene mala pinta, muy mala el ninguneo hacia tan magníficas bandas.





