Si por algo se caracteriza nuestra Semana Santa, es por la diversidad de patrimonio que existe en nuestras hermandades. Como no, la música no iba a ser menos, ya que también forma parte de este, jugando un papel bastante importante y destacado en las corporaciones. Pero en los últimos años, se ha cambiado el estilo de composición, ya que los recursos son mayores y la profesionalidad de los músicos va en aumento.
El pasado viernes 27 de octubre, la ciudad de Sevilla vivió un acontecimiento único, ya que la Virgen de las Angustias salió a las calles de Sevilla, con dirección a la Santa Iglesia Catedral, para presidir la Eucaristía de apertura del Congreso Nacional de Hermandades de los Gitanos. La ciudad se volcó como nunca con dicho acto.
En cuanto a lo musical, me gustaría destacar con mucho ímpetu la actuación de la Sección Musical de la propia hermandad, de los momentos que nos dejó dicho acompañamiento y los momentos que supuso para los músicos que, con gran emoción, tuvieron tal oportunidad. Una agrupación que año tras año demuestra que está para tocar en cualquier tipo de evento o procesión, a hermandades de cualquier corte y saber adaptarse al momento. Con un repertorio exquisito para la ocasión y a ritmo de banda de plantilla completa, composiciones como Virgen de las Angustias, Oh Pecador o Cristo de los Gitanos, sonaban casi sin saber diferenciarse del típico acompañamiento que usualmente lleva la Virgen de las Angustias cada Madrugá de Viernes Santo. Seguidamente, Opre, Madre de los Gitanos sonó en la ocasión perfecta. Un popurrí de marchas procesionales dedicadas a la propia hermandad que acabó con una gran ovación para así cerrar un acompañamiento más que a la altura.
Sin duda alguna, siempre bajo mi punto de vista, en Sevilla no se es justo con casi nada; pero tras esto, ¿qué más le hace falta a dicha banda para acompañar a más hermandades en su ciudad?
Una sola pregunta para una multitud de respuestas, la cual, y la más importante, la música, es la que debería primar.





