A paso mudá | Un caos para olvidar: la Magna

Decían que sería una jornada histórica, una cita para el recuerdo, la gran demostración de fe, arte y patrimonio de Córdoba. Y lo fue… pero por motivos que pocos esperaban. La Magna de este pasado sábado acabó convirtiéndose en una especie de laberinto urbano donde la devoción se mezcló con el desconcierto, la emoción con la resignación y la fe con la paciencia —o más bien con su ausencia—.

Desde primera hora, las calles se vieron desbordadas por un público que no sabía muy bien hacia dónde mirar, ni por dónde pasar. Los itinerarios parecían dibujados con regla torcida, los horarios se evaporaban como incienso en el aire, y los cortejos se perdían entre un mar de móviles, empujones y vallas mal colocadas. Lo que debía ser una jornada de encuentro se transformó en un atasco procesional donde el silencio fue sustituido por el murmullo del desconcierto.

Córdoba merecía una Magna a la altura de su nombre, de su historia, de sus hermandades. Pero lo que se vivió fue más bien una demostración de improvisación: pasos cruzándose, público sin información, accesos bloqueados y una organización que pareció superada desde el primer compás. Hubo momentos de belleza, sí; instantes en los que el arte y la fe lograron abrirse paso entre el caos. Pero fueron destellos aislados, como luciérnagas perdidas en una noche confusa.

No se trata de restar valor al esfuerzo de quienes participaron, ni de negar la ilusión que puso cada cofradía. Se trata de reconocer que la magnitud de un evento no se mide por el número de nazarenos o de imágenes en la calle, sino por la capacidad de ofrecer una experiencia digna, ordenada y, sobre todo, respetuosa con el público y con el propio sentido de la celebración.

Quizá esta Magna sirva de lección. Porque la fe no necesita desmesura, ni la devoción entiende de aglomeraciones. A veces, menos es más. Y el verdadero milagro, en días como el sábado, habría sido poder contemplar un paso en silencio, sin empujones, sin caos… con la paz que tanto pregonamos y tan poco practicamos.