En el panorama cofrade actual, donde la devoción y la música deberían ser los pilares sobre los que se sostienen nuestras hermandades y bandas, hay quienes han encontrado en la confrontación su particular medio de vida. En un escenario donde la información debería ser objetiva y el análisis fundamentado, hay canales de televisión y presentadores que han decidido enfangar la conversación, reduciendo el debate a una simple batalla de intereses personales y filias mal disimuladas.
No es nuevo que algunos comunicadores tengan sus preferencias, como cualquier aficionado o profesional del mundo cofrade. Pero una cosa es tener gustos y otra bien distinta es utilizar un altavoz mediático para desprestigiar sistemáticamente a quienes no entran dentro de su círculo de afinidades. La labor de la prensa especializada debería estar guiada por el respeto y la ecuanimidad, no por el oportunismo ni el afán de dividir.
La música procesional, en todas sus vertientes, es un arte que trasciende colores y estilos. Cada banda, con su identidad propia, aporta riqueza a nuestra Semana Santa, y es lamentable que algunos pretendan reducirla a una lucha de trincheras en la que solo los suyos merecen reconocimiento. Quienes utilizan su plataforma para menospreciar y desacreditar a unas formaciones mientras ensalzan hasta la exageración a otras, no solo desvirtúan el periodismo cofrade, sino que contribuyen a crear un clima irrespirable entre músicos y aficionados.
Lo más preocupante es que, lejos de ser una actitud aislada, este tipo de prácticas se han convertido en un negocio rentable. La polémica vende, el morbo atrae audiencia y la descalificación gratuita genera engagement. Lo que antes era un espacio para el análisis y la divulgación se ha transformado en una suerte de “salsa rosa cofrade”, donde lo importante no es la calidad de la información, sino la viralidad de la crítica.
Como cofrades, tenemos la responsabilidad de no caer en este juego. La Semana Santa es mucho más que rivalidades artificiales alimentadas desde un plató. Quien use su posición en los medios para enfrentar en vez de unir, para desprestigiar en vez de valorar, está traicionando el espíritu de lo que representa la música procesional. Y en un mundo donde la imagen lo es todo, convendría recordar que el barro salpica a quien lo arroja.





