A paso mudá | Una primavera que se embellece cada Cuaresma

Un año más nos encontramos a las puertas de una nueva Semana Santa, donde las hermandades ultiman sus ensayos, realizan sus actos internos y externos, y ponen a punto los últimos detalles. Ya mismo veremos los templos distintos, con sus pasos procesionales en montaje o ya incluso montados al completo. Cientos de visitas que acoge la casa de Dios en estas fechas más que en el resto del año, cuando cada ciudad, cada pueblo, se embellecen aún más con la colorida primavera, el olor a azahar complementado con el del incienso.

Sin duda alguna, es la época más bonita del año y, por mucho que diga, tan solo nos dura apenas poco más de un mes. Y sí, siempre he sido crítico con que la Cuaresma en los días de hoy es permanente, ya que durante todo el año vemos procesiones y actos extraordinarios, seguimos escuchando a nuestras bandas y podemos disfrutar del olor a incienso. Pero como se diría en mi tierra, «esto es otro rollo, otra historia». La Cuaresma es sin poder a discusión, una época que lo embellece todo, ¿cómo no iba a hacerlo también a la Semana Santa?

Por el lado contrario, sigue habiendo excepciones que hacen que todo esto no sea tan bonito. Sigue habiendo pasos «piratas» en las calles y sigue sin regularse esto desde los altos cargos; sigue habiendo personas, que no costaleros, que se preocupan más de su propio postureo que de lo que en realidad importa; sigue habiendo hermandades que no completan sus pasos procesionales de costaleros suficientes para poder realizar su procesión de esta manera.

Todo esto es la Cuaresma, una época de contrastes, pero que sin ellos, pues quizá se viviría de una manera distinta. Toda esta es mi Cuaresma, y por supuesto, no la verdad absoluta pero sí mi forma de verla.