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Córdoba, Costal

Ángel Muñoz se despide como capataz de Las Angustias en una emotiva carta cargada de sentimiento, agradecimientos y verdad

Honra a los grandes hombres mirar a sus semejantes cara a cara, ser agradecidos y afrontar los posibles errores que haya podido cometer en el desempeño de su labor. Así demuestra ser el capataz Ángel Muñoz, el hombre que durante los últimos cuatro Jueves Santos ha tenido el orgullo, la responsabilidad y el privilegio de guiar a la cuadrilla que tiene la fortuna de llevar sobre sus hombros al más importante grupo escultórico de la Semana Santa de Córdoba, el que gubiase el insigne imaginero cordobés Juan de Mesa en el ocaso de su prolífica existencia.

Un capataz que asumió un reto de dificultad considerable con el que ha sabido lidiar y superar, más allá de opiniones subjetivas, evidenciando su capacidad cada primavera. Muñoz, a la conclusión del mandato del actual hermano mayor de la cofradía de San Agustín, al que va ligado su nombramiento – el tiempo dirá si éste se prolongará o, tal y como apuntan quienes le conocen, ha llegado el momento del punto y seguido -, ha querido despedirse de los hermanos de la corporación a través de una carta cargada de emotividad, en la que reparte agradecimientos y asume los errores que haya podido cometer; una actitud que resulta conveniente subrayar, máxime en los tiempos que corren en los que son muchos los que culpan a terceros de sus propias incapacidades. 

«Érase una vez un hombre, que de muy pequeño tenía un sueño, ser capataz de Nuestra Señora de las Angustias Coronada. Comenzó alumbrándote en tu camino, siguió siendo tus pies y después años después, llego ese irrepetible día. Mi sueño
se vio cumplido. “Cofrademente” hablando, y perdón por el palabro, todo a lo que de pequeño podía soñar, se ha cumplido y con creces». Con estas palabras cargadas de sentimiento comienza el capataz su misiva en la que explica que «desde ese primer año, tortuoso por las interminables obras de nuestra plaza y el cambio de estilo musical, hasta el último, donde esta cuadrilla ha sabido asimilar nuevos conceptos en todos los aspectos, no puedo nada más que sentirme muy orgulloso de ellos. Obediencia y saber estar en todo momento, en las buenas y en las malas, pero siempre en su corazón el amor por nuestra Bendita Madre».

Muñoz añade que «No debemos de permitir, que este material humano tan comprometido, sea solamente para la cuaresma. Tenemos que implicarlos en el día a
día, en las necesidades de nuestra Hermandad, en nuestros proyectos, en las necesidades de la Iglesia… Es nuestra obligación, y los responsables de conducir nuestra Hermandad, ahora y en el futuro, debemos de tener como meta, acercarlos lo más posible a nuestra Cofradía».

El capataz subraya que «en estos cuatro maravillosos años, ha habido situaciones buenas y no tan buenas, porque me niego a pensar, que al lado de Nuestra Señora, nadie pase malos momentos. Todo, absolutamente todo lo que he hecho en este tiempo, ha sido buscando el bien de nuestra Cofradía», reconociendo que «no todas las decisiones que he realizado, las he podido hacer a gusto de todos, y desde aquí pido perdón por ello. Pero que nadie tenga duda, de que jamás he intentado hacer daño a nadie. He cometido muchísimos errores, pero nunca con mala intención. Mis disculpas, para las personas se hayan podido sentir agraviadas por mi comportamiento».

En el capítulo de agradecimientos, el capataz tiene un recuerdo especial para «nuestra Banda de Coronación de Espinas. Comienzos difíciles, pero que su melodía en cada Jueves Santo, han sabido conquistar nuestros corazones. Desde el banderín, hasta el último bombo, han sabido querer y estar». Agradecimiento que extiende a «los miembros de Junta de Gobierno, que habéis estado en este mandato. Gracias por vuestro apoyo y comprensión. Me llevo amistad, compañerismo y Hermandad» y por supuesto «al cuerpo de auxiliares, a los que han estado, y a los que están. Me llevo vuestra compresión, compromiso, dedicación y los más importante, vuestra amistad»

Agradecimiento especialmente ampliado «a la persona que ha hecho posible estos cuatro años de ensueño. Ser Hermano Mayor de una Hermandad, no es nada fácil, pero me he dado cuenta que con cariño y determinación, se llega a buen puerto. No tengo nada más que palabras de agradecimiento a nuestro Hermano Mayor, D. Manuel Rafael Fernández Aguilar. He sentido y siento su apoyo desde el primer día, ha estado firme en sus ideas, en sus proyectos y aunque no hubiese iniciativa que no fuese bien recibida, siempre ha obrado en consecuencia y mirando por el bien de nuestra Hermandad». Finalmente, el capataz tiene un emotivo recuerdo para «las personas ligadas a la Hermandad que, por desgracia, han fallecido en este tiempo».

En definitiva, una carta cargada de verdad y emoción, que no todo el mundo es capaz de revelar en público, particularmente relevante, como decíamos al inicio, en los tiempos que corren en los que son muchos los que culpan a terceros de sus propias incapacidades. Ángel Muñoz deja su huella como capataz de Las Angustias. Una huella que será recordada sin ningún género de duda. 

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