La evolución social y patrimonial que vienen experimentando las jóvenes hermandades y pro hermandades de Córdoba es una verdad irrefutable que resulta incuestionable cuando hablamos de su implosión y su presencia social. Una presencia que se traduce en la constancia de sus dirigentes que son capaces de suplir con altas dosis de ilusión las carencias lógicas derivadas de su reducido horizonte histórico.
Una de estas corporaciones es La O de Fátima que desde que el equipo de gobierno que preside en Rafael González se hizo cargo de sus destinos, ha experimentado un espectacular crecimiento que se manifiesta en muy diferentes ámbitos que oscilan desde el patrimonial al asistencial, paseando por el personal y social evidenciado en las cifras de hermanos que muestran una progresión irrefutable. No en vano en apenas dos años, la corporación de Fátima ha pasado de 110 miembros a 374, lo que implica un incremento del 340% en masa social, cifras nada desdeñables para los tiempos que corren.
Cifras derivadas del buen hacer de sus dirigentes, qué duda cabe, pero también por la presencia del paso de palio de la dolorosa de Antonio Bernal que ha llenado un hueco ilusionante en un barrio que siempre soñó con albergar en su seno a una Hermandad penitencial. Ilusión que se multiplicará en el preciso instante en el que el otro titular de la corporación, Nuestro Padre Jesús de la Victoria en sus Tres Caídas, también nacido de la gubia de Antonio Bernal Redondo sea bendecido de manera inminente, para culminar un sueño de cofradía que se viene convirtiendo a pasos agigantados en una insultante realidad.






