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El Capirote, Granada, Opinión

Antigua

Era de justicia. Esta pasada semana conocíamos la noticia de que Granada contaría con una nueva hermandad de gloria que sería conocida como hermandad de María, Madre de la Iglesia y Reina de la Creación, y que dará culto a Nuestra Señora de la Antigua. Se erigirá el próximo 21 de mayo, primer lunes después de Pentecostés y está dirigida a todos los jóvenes. Aunque la imagen original se encuentra en una capilla de la catedral, una copia tendrá su lugar en la cripta del Sagrario. La noticia pronto corrió como la pólvora entre los portales de información cofrade pero más allá de una nueva hermandad de gloria quizá debería conocerse su pasado.

La devoción a la Virgen de la Antigua en la ciudad de Granada se remonta a tiempos de Isabel la Católica considerando que esta imagen fue traída por la reina, siendo la primera efigie de María que se veneró en la ciudad nazarí. Fuera de la provincia, y según los estudiosos, la advocación de la Antigua hunde sus raíces en tierras castellanoleonesas, siendo la que se encuentra en el templo metropolitano de Sevilla la más lejana representación en el tiempo se nos presenta.

Con el gesto de monseñor Javier Martínez Fernández no solamente se busca una nueva alianza que tenga junto a María a los más jóvenes, algo tan necesario y vital sino que se rescata una devoción sin la que no se entendería gran parte de la devoción que España profesa a la Virgen María. Desde Sevilla se irradió la devoción a esta imagen al resto del mundo, lo que no solamente indica la importancia de esta advocación fuera del viejo imperio sino también dentro del mismo. En tierras españolas llegó a tener tal importancia que fue fundamental para extender la devoción a la Virgen. En Granada, por ejemplo, fue la primera patrona hasta que la devoción a la Virgen de las Angustias acabó desplazándola, algo tan natural que parece extraño en nuestros días pero que muestra cómo la devoción popular desliza su fervor en beneficio de otras advocaciones. En Jaén, la imagen que se conservaba de ella salió en rogativas para pedir por las lluvias, hasta que la devoción a la Virgen de la Capilla terminó por imponerse. En rogativas salió no solamente en estas dos ciudades, aunque bastan como ejemplos para conocer el auge que tuvo en el sur -en algunos lugares continúa siendo patente su devoción, como en Almuñécar, de donde es patrona-.

Merecido reconocimiento por tanto a una devoción que ahora comienza a iniciar un proceso donde, más allá de su salida anual viene a recuperar una estampa que durante siglos ha permanecido prácticamente olvidada. Porque, más que imaginar nuevas imágenes, ¿por qué no centrar las miradas en obras de un significativo valor histórico y artístico para recuperar el esplendor perdido? ¿Por qué en vez de continuar apostando por nuevas obras no se mira a capillas donde duermen olvidadas devociones centenarias con un pasado que difícilmente puede ser superado y rescatarlas del ostracismo donde se encuentran? No pocas imágenes son las que duermen en retablos, de importante calidad artística, en iglesias o conventos, en estancias inhabitadas. El hecho de recuperar esta advocación para la ciudad de Granada no solamente pone de relieve una nueva realidad sino que despliega un nuevo camino para que las nuevas generaciones conozcan sus orígenes.

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