Aparquen los autobuses del libertinaje y el odio

El primer racheando de la Cuaresma puede ser un artículo por el cual puede que reciba más críticas que posibles felicitaciones, no tanto por el contenido, sino por el tema, ya que últimamente quizás esta siendo muy repetitivo, pero es que siempre me indignarán los ataques, tanto de unos como de otros.

La libertad de expresión es necesaria, pero el respeto lo es aún más. Me declaro Cristiano, Católico Romano y cofrade, soy practicante y no me siento respetado. Me siento continuamente atacado por sectores del país que creen que pueden hacer todo tipo de sátiras sobre religión, nuestras creencias, hasta tal punto que muchas veces incluso la fiscalía abre diligencias por un posible delito de odio.

Ese odio que nos tienen bajo el amparo de la libertad, pero que hasta la Federación Islámica de España ha mandado su apoyo y que los musulmanes no tolerarían esas «bromas» si hablaran del profeta Mahoma. Si no lo hacen, ¿es respeto o miedo? sinceramente yo creo que es lo segundo.

Sin embargo, además de mi condición de católico, soy persona, persona que me considero del siglo XXI, en el que no juzgo a las personas por su condición sexual o biológica, que considero más que desafortunados los mensajes de católicos que se creen con la verdad absoluta y hacen que nuestra Iglesia sea considerada inquisitoria utilizando autobuses con mensajes que agreden la sensibilidad de la sociedad. Si Cristo nos dijo que nos amáramos los unos a los otros, quien somos sus hijos para decirle que según su condición sexual nosotros vamos a odiarles.

Es realmente execrable que se utilice a los niños, de un lado y de otro, para que el respeto quede al margen y todos quieran adoctrinarles sobre que deben pensar sobre el resto de la sociedad. Formemos en valores cristianos a los niños, basado en el amor al prójimo y no en el odio por ser distinto.

Aparquen los autobuses del libertinaje y el odio, sea católico o el que amenaza cierto programa con sacar y arranquen los autobuses que proclaman el amor y el respeto a todos dentro de la misma sociedad en la que vivimos.